A pesar de que pareces el mismo, no vives tu alrededor igual. Hay fantasmas en cada esquina y por momentos quisieras estar en un lugar que no guardara ningún recuerdo, que sólo fuera constante descubrir.
La luz verde, el viento que ha regresado del norte, las noches de atasques tiernos y el olor a naftalina, a viejo. Por más que lo intentas no puedes regresar aunque repitas una y otra vez escenas y lugares antes cotidianos. Ha pasado el tiempo y ya no son los mismos (ellos y tú). Ya no está el mesero chileno, ya cerraron el rojo bulpen que te guardaba una esquina para terminar la noche, los calimochos saben demasiado dulces y las hamburguesas de Colima y Cuauhtemoc, ahora parecen tan lejanas como para andar la distancia. En la maleta está la playera de Naruto, esperando a ser usada por primera vez y las tarjetas de héroes misteriosos no hacen más que guardar polvo. La gata maulla y te recuerda que ya no eres Juan, quizá ni Xun, ahora eres "Miaaauuuu".
Tiene un año del regreso y seis meses de haber cambiado por completo. Antes contaba dos canas ahora son más de 10. El mesero (que no tiene nada de chileno) me está pasando la cuenta... será momento de pedir otra ronda más. Todavía es temprano para dejar la mesa, apenas y siento el alcohol en mis venas.

